El esmalte de uñas no ama tu Vagina

El esmalte de uñas no ama tu Vagina

Cuando vemos una niña pintarse las uñas, tan redondillas y cortas, solemos oír la frase: «que mona», «que presumida»…cuando deberíamos ponernos las manos a la cabeza y gritarle a esa madre: ¡Estás loca! ¡Estás envenenando a tu hija! Y entonces esa madre nos miraría alzando medio labio y con cara de repugnancia. Su mente seguramente pensaría que somos raras por que no nos ponemos esmalte o unas exageradas. Por lo menos así lo piensan las mujeres de mi alrededor. Pero primero empecemos con mi crimen ante las uñas. Mis padres comenzaron a tener éxito en su negocio en el año 2012, así que como si fuera una regla, mi madre decidió hacerse la manicura, la pedicura, las cejas, la depilación completa y el cabello cada dos semanas al mes. Yo me negué a los esmaltes y solo cedí a las cejas. Entonces salió a la venta mi primer libro «Aelita y el Poder de Toney«, iba a presentarlo en público y mi madre me llevó a la peluquería. Entonces me vendieron las uñas. Esteticie: ¿No irás a firmar libros con esas uñas? Estaban pintadas de color morado, solía hacerlo yo solita, como si eso fuera poder femenino, era suicidio. Yo: Si, ¿por que? Esteticie: Vas a firmar libros, la gente te mirará las uñas. En aquel momento mi autoestima estaba como el Polo Norte, bajo cero, así que la flecha fue directa a la herida y un complejo que jamás había tenido, surgió. Me hizo la manicura francesa y vi mis uñas perfectas, justo como pasaba cuando me maquillaba. Desde aquel momento entré en el vicio del esmalte, cada...
Amo mis Pezones

Amo mis Pezones

Los pezones son una parte de las mujeres que solo pueden verse en público si estás dando de mamar a un bebé. Solo ahí tiene cierta inmunidad el no llevar un sujetador. Son algo que causa admiración a los hombres, que las mujeres a veces envidiamos, pero que sobre todo ocultamos. Es algo que aprendí cuando tenía 13 años, la primera vez que me di cuenta de que tenía pezones. «Era invierno y acababa de llegar a los bancos donde todos nos sentábamos a esperar que las puertas del instituto se abrieran, los chicos con los que solía jugar desde niña estaban sentándos. Me acerqué a saludar cuando uno de ellos sonrió maliciosamente ?  Entonces miró mi camiseta, hice lo mismo para ver si había alguna mancha en mi jersey fino azul, al ver que no era así le devolví la mirada. -Eh, se te ven los pezones. Pezones, pezones, pezones, pezones…? Los miré, eran puntiagudos, sobresalieron sin pedirme permiso alguno, estaban acaparando toda la visión de aquellos chicos que me conocían desde niña. Entonces hice algo instintivo, me los tapé con los brazos. Como si fueran dos sarpullidos. Durante el día desee salir de clase y pedirle a mi madre que me comprara un sujetador. Fue lo que hice, entonces tuve mi primer sujetador…de deporte!!!! Mis pechos no se veían, eran dos montañas sin nieve, sin cima que alcanzar. No quería mirarlos, ni tocarlos ¿para que servían? ¿Para dar de mamar al bebé? Mi madre solo me dijo que tuviera cuidado con  los chicos. ¿Pero cuidado con que?». 9 años después lo entendí cuando mi marido por primera vez los amamantó. ¡Y  sin estar...